jueves, 30 de julio de 2015

¿Desde cuándo acá los tamemes disparan a las escopetas? Aventuras de un tameme vuelto reyezuelo en un simulacro de universidad en Yucatán



Me cuentan que en el muro de Facebook de un idiota acomplejado de no sé qué diablos del trauma de 500 años, al parecer demasiado autoritario el loador de la milpa que un día quiso ser neo cacique de la Villa de donde nací; una Villa  siempre conservadora y de buenas costumbres que, aunque les mal pese a los fundamentalistas étnicos autoritarios, le dio la espalda al acomplejado y resentido del trauma de 500 años.
Digo que en el muro de esta especie rara e infumable de Arux de la postmodernidad, que tiene el atrevimiento de decirle “sastún” a su computadora occidental (Paz dijo que México, y Yucatán incluido, es una parte excéntrica de Occidente), etc., etc., leí una perla de imbecilidad escrito por otro “connacional” suyo con las mismas taras vomitivas dictatoriales (aquí tengo que decir, que la Universidad de Oriente, ese simulacro de universidad de donde trabaja el “connacional del Arux de la postmodernidad, es una especie de chiquero bananero donde se arrejuntan cubanos nacidos en Yucatán adoradores de las putas cuartelarias de la Habana, criollazas del racismo vallisoletano, y caciquillos de aldea pomucheña como el tameme referido). Apunto en comillas lo que dice el tameme campechano, y acto seguido mi opinión:

"Revelar la palabra, escribir la ciencia, la historia también lo es. Escribiendo sobre un tal Jacinto Uc, que se entronizó rey como dicen los estos documentos que hablan de estas cosas tocantes a lo que hubo de suceder aquel 19 de noviembre de 1761. En aquella parcialidad de Tixcacaltuyub, nombrada por ventura CISTEIL Tuz".

No sé qué diablos pasa por las cabezas de los campechanos oriundos de una etnia inventada por la historia y la antropología reciente (en el sentido estricto de las ciencias sociales y la historia), pero de que uno quiere o desea ser algo que está vedado a los tamemes (lo que natura no da al tameme, Salamanca no presta y seguirá siendo tameme, aunque me dicen algunos respetables profesores de maya de esa universidad, que el tameme campechano ni para traducir bien la lengua maya al español tiene méritos), está de más decirlo por esa fijación verracal por "un tal jacinto uc". Y sobre Jacinto Uc de los Santos, preguntemos:

¿Qué se puede escribir después del magistral libro de uno de los pilares de la historia moderna y científica en Yucatán, don Pedro Bracamonte y Sosa? ¿cuando han visto que un tameme que no domina bien ni la lengua de Castilla ni la lengua de la tierra, le haga sombra a un fundador de la historia moderna en Yucatán, desde cuando acá los patos disparan a las escopetas?

martes, 21 de julio de 2015

El affaire Nuñez Arancibia y los desfiguros de la Academia Mexicana

El ex doctor colmexiano


“[…] nuestro oficio se practica sin prisas ni pendejadas burocráticas, leyendo más de lo que se escribe, pensando más de lo que se publica…”

El epígrafe que antecede estas palabras, polémico, claro y sin tapujos, lo escribió el investigador y profesor del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana, Luis Fernando Granados. El doctor Granados, miembro del Observatorio de Historia,[1] ha escrito un texto devastador y, al parecer, difícil de rebatir, llamado “Cómplices del plagio”.[2]
El caso Nuñez Arancibia, que fuera “tendencia” en redes sociales hasta revolver con su ruido y furia de dicterios, lamentaciones, escupitajos y mea culpas de ríos de tinta, el en apariencia bonancible gallinero académico mexicano hace unas semanas, le sirve al doctor Granados, como texto y pretexto para argumentar una autocrítica que ha abierto brecha para que otros posibles académicos (sobre todo, los siempre taciturnos historiadores), serios y que aman su profesión artesanal de hacer avanzar el conocimiento en sus áreas, y alumnos dispuestos a empaparse de la vida académica e investigativa desde sus primeros años universitarios; hagan la crítica incisiva de los “usos y costumbres”, manías y maneras, figuras y desfiguros, conchabamientos y aburguesamientos, de la Academia Mexicana. Fue tan certero en sus apreciaciones el texto del doctor Granados, que hasta la que fuera directora de tesis del delincuente chileno Rodrigo Nuñez Arancibia, María de los Ángeles Pozas, así como otro connotado investigador, respondieron. El historiador Roberto Breña, un “rechazado y rijoso”[3] colmexiano (recordemos que el COLMEX es una de las instituciones académicas con vela en el entierro del caso Nuñez Arancibia), que con otros investigadores ya había dirigido una carta abierta a la opinión pública, a la comunidad académica mexicana, al Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT, y a las instituciones superiores educativas del país,[4] saludó con entusiasmo el artículo de Granados. Aunque manifiesta no estar de acuerdo con la utilización de la palabra “cómplice”, Breña expuso que lo que le parecía más rescatable del texto, era la idea de que “si queremos realmente terminar con el plagio (o, mejor dicho, reducirlo lo más posible), debemos pensar en una serie de medidas que vayan más allá de nuestra capacidad para detectarlo y de castigarlo cuando se presenta”. Breña, que en su momento había prestado atención a otro plagio descomunal,[5] dijo que la indignación – ¡y vaya que el caso del chileno causó toda la indignación sulfurosa, estancada en la bilis de más de un doctor de alto nivel investigativo y sin trabajo!- “no sirve para nada si se piensa en términos de futuro”, y que “Tampoco hay que convertir al medio académico mexicano en la noche en la que todos los gatos son pardos”.[6] Desde luego que en la Academia Mexicana, con sus regionalizaciones como la Academia Yucateca o peninsular, la que conozco más, existen sus sanas excepciones a esa especie de regla que en la actualidad, debido a la barbarie educativa neoliberal y a la masificación sistemática de la educación, se patentiza en doctorados donde las exigencias académicas, el espíritu libresco y el afán de conocer por conocer, se vuelve rara avis.[7]
María de los Ángeles Pozas, del Centro de Estudios Sociológicos del COLMEX y que fuera la responsable de dirigir “la tesis” doctoral, es decir, el copy-paste del pirata chileno, apuntó algo que me parece hay que tomar en cuenta, para no caer en la trampa de satanizar de raíz y en bloque a la Academia Mexicana, que si bien está plagada de simuladores, vividores y falsarios (sobre todo, en universidades donde es ubicua la mano corrupta de intereses distintos a la academia),[8] igual cuenta con maestros en toda la extensión de la palabra, e investigadores que han hecho florecer, más que en ningún otro momento de la ciencia en México, el saber y la enseñanza en el país.[9] Pozas, con su mea culpa extemporánea, expuso lo siguiente:

Pero en el Centro de Estudios Sociológicos (del COLMEX) abunda la pasión por el conocimiento, el interés por lograr formar a los mejores sociólogos del campo. Nuestros estudiantes son los mejores testigos de este esfuerzo. No se puede, no es justo, poner en duda la integridad moral y la calidad académica de este Centro por un estudiante deshonesto que tomó ventaja de la confianza básica sobre la que se sustenta la relación estudiante-profesor. No quiero ni imaginar un mundo académico basado en la sospecha, el acoso o la vigilancia policiaca. Siento vergüenza sí, por no haber podido evitar tanto escarnio público, por no haber podido evitar el daño irreparable que estas acciones infringieron en Cecilia Montero [la autora plagiada en casi la totalidad de un libro de su autoría, por Núñez Arancibia]. Pero no me arrepiento de haber confiado y, con todo el riesgo que esto conlleva para mi propia carrera, seguiré partiendo del supuesto de la honestidad intelectual de mis estudiantes.[10]

La polémica del plagiador compulsivo, como apunté en un texto anterior, comenzó a crecer como pólvora en las redes sociales, pero la reacción tanto de la Universidad Michoacana, así como la del COLMEX, no se dio sino posterior a los artículos periodísticos aparecidos en el periódico El Universal.[11] En su momento señalé que el affaire Núñez Arancibia, el COLMEX lo debía enfrentar inteligentemente, sentando la “jurisprudencia” necesaria para removerle el grado de doctor al execrable plagiario, así como tomar medidas “laborales” o académicas contra la directora, el sínodo y todos los que colaboraron para la obtención del grado máximo. Marco Estrada Saavedra, investigador del Centro de Estudios Sociológicos, a quien agradezco la lectura de mi pequeño artículo, comentando mi texto y enviándome una liga periodística,[12]  me señaló que mi “pronóstico sobre el comportamiento de El Colegio de México sobre el caso de plagio de un ex estudiante nuestro del Centro de Estudios Sociológicos, resultó, afortunadamente, equivocado”.[13] Sin embargo, como inquirí en mi artículo, ¿destituyó, vetó o interpuso una pena laboral o académica el COLMEX al sínodo del falsario plagiador por sus graves omisiones y acciones? ¡Para nada!, el COLMEX únicamente se restringió a “degradar” académicamente al plagiario, pero en su comunicado de prensa no se refirió ni por equívoco a los que de algún modo u otro participaron para la obtención del grado del plagiador. En este sentido, podemos decir que la jurisprudencia deseada –el retiro del grado al plagiador y la sanción correspondiente a la dirección del falso tesista y al sínodo omiso- que serviría para acciones futuras a otras instituciones académicas y centros de investigación del país, se dio a medias, aunque hay que dejar patente que es la primera vez que, en 75 años de la institución, se retira el máximo grado académico a un alumno salido de esa casa de estudios.
Como he dicho al inicio de este artículo, el caso Nuñez Arancibia levantó más de una ceja al gremio de los apacibles investigadores mexicanos, y llenó de una especie de sospechosismo pestilente a la Academia Mexicana, rehén de las “eficiencia terminales” y de la chabacanería estudiantil que es posible de observar, incluso, en postgrados de “calidad” de donde son algunas tesis chocolate. De todos los ríos de tinta que corrieron y desventraron los diques de palabras, he apuntado el texto del doctor Granados, pero también hay que apuntar en estas hojas el ameno y diatribezco texto del historiador José Antonio Aguilar Rivera.[14] Sinteticemos unas ideas importantes del texto de Granados, para posteriormente traer a colación la labor del segundo.
Para Granados,[15] la enfermedad de la Academia Mexicana tiene que ver con esos incentivos, ese puntillismo, esos “estímulos” creados por instituciones como el Conacyt y el Sistema Nacional de Investigadores (SIN), que otorga canonjías y prebendas, u oferta presupuestos, regala viajes al extranjero para presentar refritos de ponencias mal escritas (conozco burgueses académicos que se refocilan en hablar de sus viajes a París, a Rusia, a Sevilla, a Centroamérica o Sudamérica); basados en las cantidades industriales del trabajo académico que, a veces, más que hacer patente la productividad académica, sólo resulta ser la misma gata revolcada, el mismo artículo presentado hace un año, y escrito con diferente sintaxis y una que otra arrejuntada bibliográfica. Para Granados, “en la academia mexicana, el robo y el engaño, la impostura y el abuso, son cualquier cosa salvo excepciones”. Podemos apuntar, que no sólo el robo, igual las chapuzas, las chambonadas y el mercenarismo –es decir, la búsqueda de tesistas que “dirigir” para mejor digerir los puntos para el SNI- es el pan de cada día que infecta las universidades del país. Para Granados, casos como el de Nuñez Arancibia y el de Boris Berenson, “son una caricatura deformada” de buena parte de la Academia Mexicana, debido a esa insistencia de los órganos educativos del Estado, exigiéndole concreciones investigativas a los académicos en tiempos récords.
Es un hecho que, como señala Granados, “el estatus y el salario de los profesores depende de la medición de su trabajo científico y no tanto de su calidad”. Y así resulta que en las prensas de la Academia Mexicana, sobre todo, en los mares de la historia y los charcos de la antropología donde en teoría se debería escribir con “claridad y transparencia”, se imprimen mamotretos mal escritos y endogámicos, aburridos y bostezantes, donde las historias “teorizantes” o las teorizaciones talmúdicas de los historiadores, antropólogos o “científicos sociales”, se convierten en escrituras impenetrables debido, no a su profundidad teórica y su rica erudición, sino a la banalidad de no saber escribir, de no haber leído a los clásicos del idioma antes de sentarse a escribir “la tesis”.[16]
Frente a “los altares” que se han levantado a “la eficiencia terminal” en la Academia Mexicana, hasta el punto de que el SIN evalúa la investigación científica basado en “principios fordianos”, Granados rompe lanzas contra “un ecosistema institucional que no reconoce la especificidad de nuestro trabajo”, para recordarnos que no hay que olvidar que nuestro oficio de historiar “es más artesanal que fabril: que las ideas se cuecen a fuego lento, que las evidencias se construyen de a poco, que la escritura se hace palabra por palabra (y con diez mil tachaduras de por medio)…”[17] De igual modo, Granados hace una sociología rápida de los más vicios que virtudes de la Academia Mexicana: la manía de los puntos (el puntillismo) que se presenta desde licenciatura y se corona con los congresos, las conferencias y todo el “mundo académico” que recorre el investigador para llenar su cuota de “asistencia” y puntos para el SNI. Asimismo, para molestia de muchos, no podemos estar sino de acuerdo con Granados en la idea del compadrazgo, del amiguismo y las especies de mafias que gangrenan los actos académicos: en coloquios, en Seminarios, en Encuentros académicos, en publicaciones para revistas o libros "coordinados", las más de las veces los organizadores invitan a los amigos, a los amantes o ex amantes, a los discípulos o las voluntades cercanas y cercadas. La Academia Mexicana, desde luego que tiene mucho de cartel de narcotráfico. Algo igual que señala este autor, lo vi en reiteradas ocasiones en los archivos y bibliotecas de Mérida: me refiero al hecho de que los “investigadores” consagrados, o las divas de barrio meridano de un centro investigativo o de los pasillos de la UADY, hagan uso de los “tamemes”, sus estudiantes o becarios que los reemplazan en los archivos y bibliotecas, que dan clases por ellos, o que escriben el borrador que la vaca morcilluda del investigador terminará por darle el toque maestro y se plagiará sin más preámbulos las ideas del alumno. O bien, las tesis de los que dirige, o los trabajos de campo o la paleografía del “becario”, abultarán la monotemática bibliografía de la vaca morcilluda. Y ya no quiero entrar a materia de criticar a los tesistas meridanos, pero podemos apuntar que igual estos futuros monotemáticos hacen tesis de licenciatura que, como dice Granados, regurgitan en tesis de maestría y tesis de doctorado, hasta investigaciones de pos doctorado.
Por último, Granados aboga por una modificación estructural del sistema viciado de la Academia Mexicana, y es de la idea de que se tiene que homologar la docencia con la investigación y la divulgación, y que en vez de crear “productos” fordistas de investigación, no debemos perder de vista que el fin de la ciencia es crear o hacer avanzar el conocimiento en las distintas áreas. [18]
Respecto al texto del erudito historiador liberal José Antonio Aguilar Rivera, es interesante porque centra su mirada en “la carta náutica de los mares que el pirata académico surcó durante más de una década saqueando a diestra y siniestra en la  absoluta impunidad”.[19] Aguilar Rivera realiza una especie de corte de caja de los aproximadamente catorce autores que Nuñez Arancibia pirateó criminalmente durante ese lapso.[20] Leyendo el trabajo de Aguilar Rivera, podemos recorrer la carta náutica del pirata: en Chile, de donde es originario, así como en otros países sudamericanos, publicaba textos originariamente publicados por sus autores en México, y en México publicaba los trabajos de los sudamericanos. Extraña mucho que, a pesar de la tecnología informativa posibilitadas por la internet, los editores de las revistas y libros no se dieran cuentan de esos plagios brutales.
Aguilar Rivera aboga por un código de ética en todas las instituciones educativas del país para hacer frente a otros casos de plagio, aunque reconoce que “El pirata Nuñez Arancibia es sólo un síntoma de una enfermedad que no podemos borrar de un plumazo”, no es una anomalía, pero sí “la consecuencia natural de las oportunidades que el medio ofrece”.
Sintetizando, podemos decir que el precedente –aunque no como uno en su criterio quería- del Colegio de México, al removerle el cargo a su compulsivo plagiador, desde luego que sentará un precedente en la historia de la Academia Mexicana. Asimismo, tenemos que recordar que nuestra ciencia clionáutica, la verdadera Clío virginal y no la Clío prostituta y mercenaria, no conoce de eficiencias terminales ni de plazos perentorios. Los vástagos de Clío, como el amor, lo ha recordado el doctor Granados, se hacen a fuego lento.






[1] Una muestra del trabajo de este historiador se puede conocer en esta siguiente,  puntillosa historiografía de la independencia mexicana: “Independencia sin insurgentes. El bicentenario y la historiografía de nuestros días”. Desacatos, número 34, septiembre-diciembre, 2011, pp. 11-26.
[2] “Cómplices del plagio”, por Luis Fernando Granados, publicado en El Presente del Pasado 2.0. Una publicación del Observatorio de Historia. http://elpresentedelpasado.com/2015/07/09/complices-del-plagio/ 
[3] “Breña, rechazado y rijoso”, por Enrique Krauze”, Letras Libres, septiembre de 2011. La polémica entre el historiador liberal y el colmexiano, surgió por una muy endogámica y academicista crítica al libro de Krauze De héroes olvidados, escrito por el segundo. Cfr. Roberto Breña, “De héroes y mitos: De bronce y de cobre”. Revista Nexos, 1 de mayo de 2011, consultado el 21 de julio de 2015 en  http://www.nexos.com.mx/?p=14302
[4] Cfr. “Sobre el plagio académico”, revista Nexos, 9 de julio de 2015. http://www.nexos.com.mx/?p=25563
[5] Roberto Breña, “El caso Berenzon y la academia mexicana”, revista Nexos, 17 de junio de 2013.
[6][6] Roberto Breña, “Plagio académico: decisiones, ‘complicidades’ y el futuro inmediato”, revista Nexos, 13 de julio de 2015.
[7] Para el caso peninsular o quintanarroense de la masificación de la educación y la poca calidad educativa universitaria, cfr. mi texto “Los unamistas (y los ágrafos) de la UQROO: la hermandad guachinanga en la academia quintanarroense”, 27 de febrero de 2014.
[8] Para el caso que conozco, puedo citar estos textos míos sobre la Universidad de Quintana Roo: “Los unamistas (y los ágrafos) de la UQROO: la hermandad guachinanga en la academia quintanarroense”, 27 de febrero de 2014; “La universidad de Quintana Roo: entre la mafia académica, la tiranía autoritaria, y la tercera vía, la autonomía”, 5 de diciembre de 2014. Ambos textos se encuentran en mi blog personal, http://gilbertoavilez.blogspot.mx/
[9] En su libro, El oficio de historial, el gran sanjosefino, don Luis González y González, apuntó esta profesionalidad y seriedad de los amantes de Clío, arropados por las instituciones creadas por el Estado postrevolucionario, muy distinto el contexto de estos historiadores, con el contexto de siglos anteriores.
[10] Contestación a Luis Fernando Granados por parte de la doctora María de los Ángeles Pozas, directora de la tesis pirata del pirata chileno.
[11] Sobre esto, cfr. mi texto “¿Baldón colmexiano u oportunidad para sentar la jurisprudencia Núñez Arancibia en materia de plagio?”, disponible en http://gilbertoavilez.blogspot.mx/2015/07/baldon-colmexiano-u-oportunidad-para.html
[12] “Colmex retira grado de doctor por plagio. La institución comprobó que la tesis de Rodrigo Núñez Arancibia para obtener este grado académico es una copia casi íntegra del libro ‘La revolución empresarial chilena’”, El Universal, nota de Gerardo Martínez, 7 de julio de 2015.
[13]Opinión del doctor Marco Estrada Saavedra, en “¿Baldón colmexiano u oportunidad para sentar la jurisprudencia Núñez Arancibia en materia de plagio?”
[14] Cfr. “El extraño caso del pirata Arancibia”, por José Antonio Aguilar Rivera, revista Nexos, 13 de julio de 2015.
[15] Gloso el artículo del doctor Luis Fernando Granados, “Cómplices del plagio”.
[16] El crítico acerbo de la endogamia y la mala escritura ratonil de la académica mexicana, Enrique Krauze, ya había apuntado sobre esta enfermedad de la “prosa profesoral”: “Nuestros maestros decían que hay historiadores del verbo e historiadores del sustantivo. Los primeros son cinematográficos: narran acciones individuales y colectivas, procesos y episodios de toda índole y de toda dimensión: locales y nacionales. Los segundos son fotográficos: se detienen en un momento significativo, una persona (sus motivaciones, sus ideas, sus pasiones). La corriente académica a que aludo –dominante, repito, en varios claustros privados y públicos– no conoce el verbo ni el sustantivo. No le interesa el “qué”, el “quién”, el “cuándo”, el “cómo” ni el “para qué” de la historia. Lo que parece interesarle es el “por qué” de la historia (la causalidad), pero ese énfasis no la ha conducido a los prolegómenos siquiera de una filosofía analítica seria, sino a una moda en la que las elucubraciones más oscuras, subjetivas, insustanciales, autocomplacientes, pasan por interpretaciones científicas. Sus textos son una especie de caricatura hegeliana: pretenden encontrar las partes en el todo, el todo en las partes. El resultado no es el Espíritu. El resultado es la banalidad. A los practicantes de la teorización –que abarca también a las ciencias sociales y el estudio “crítico” de la literatura– conviene recordarles que el público lector sí existe y sí importa. Un científico puede, legítimamente, escribir para tres colegas. Quizá son los únicos capaces de entenderlo. Esa selección está en la naturaleza misma de las ciencias duras. Pero la historia no es, no puede ser, una disciplina para iniciados, una escritura impenetrable. Un historiador cabal no debe ensimismarse en un ejercicio narcisista que le dé puntos en el SNI pero no aporte un ápice a lo que verdaderamente cuenta: el avance compartido del conocimiento”.  “La UNAM y el Bicentenario, desvaríos históricos”, por Enrique Krauze, Letras Libres, diciembre de 2007.
[17] “Cómplices del plagio…”
[18] En este sentido, vale la pena mencionar una opinión interesante al texto del doctor Granados, escrito por una tesista doctoral del COLMEX, Alma Parra, que señaló su molestia contra la “eficiencia terminal”, los falsos estándares de “calidad” de algunas maestrías y doctorados que radican en la errónea idea de que mientras más graduados se tenga, mejor será la eficiencia del postgrado; o los tiempos cortos que imponen los programas de maestría y doctorado para la graduación, que no permiten abundancia y profundidad en el tema.
[19] El extraño caso del pirata Arancibia”, por José Antonio Aguilar Rivera, revista Nexos, 13 de julio de 2015.
[20] Y aquí, no podemos sino recordar, que los hechos delictuosos de Nuñez Arancibia no deben quedar para la anécdota de una posible historia universal de la infamia académica, sino que exigimos que se le inicie un proceso penal y que regrese de forma íntegra el dinero recibido por actividades no realizadas.

jueves, 16 de julio de 2015

EL CAMINO FRANCISCO TOLEDO


A Francisco Toledo, en sus 75 cumpleaños
Mi viejo maestro chetumaleño solía comentar
en sus clases de literatura de los viernes,
que en Chiapas se daban poetas en maceta
y en Oaxaca solía haber un pintor
debajo de cada piedra del camino.
Que los sonidos de ríos y jaguares
y de pueblos bañados en rocío
y de alturas inmarcesibles de frío
y de cañones sumidos de Chiapas
hacen de cada cristiano un poeta en potencia,
nadie lo discute.
Y que los azules y amarillos arcillosos del cielo oaxaqueño,
sus flores y mercados estallando en la plenitud de las imágenes,
hacen pintor hasta a los ciegos filisteos,
tampoco nadie lo discute.
Si es cierto que debajo de cada piedra del camino
suele haber un pintor en Oaxaca,
Francisco Toledo​ no es la piedra,
es el camino donde descansan todas las piedras.

martes, 7 de julio de 2015

¿Baldón colmexiano u oportunidad para sentar la jurisprudencia Núñez Arancibia en materia de plagio?





Menos de 20 días antes de que El Universal presentara ayer al gran público “la saga de plagios” brutales del “investigador” de origen chileno, Rodrigo Núñez Arancibia, por medio de las redes sociales se dio a conocer entre el gremio de investigadores nacionales, este insulto a la razón y a la dignidad del trabajo investigativo. Por medio del muro del doctor Víctor Gayol, desde el 20 de junio supimos lo siguiente:

Les escribo-apuntaba Victor Gayol-  a petición de mi colega y amigo Javier Villa-Flores (University of Illinois at Chicago), quien me ha hecho saber que en fechas recientes apareció publicado en Michoacán un libro que atribuye a la autoría de un investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo la obra individual y colectiva de un grupo de colegas que trabajaron bajo la coordinación de Susan Schroeder y Stafford Poole. El libro “Religion in New Spain” (University of New Mexico Press, 2007) fue parcialmente publicado en español en 2014 como “Religión y cultura popular en el mundo novohispano”, vol. I, por la UMSNH con créditos para Rodrigo Núñez Arancibia.El prólogo de la edición en español, atribuido a “Eduardo Cavieres F.”, no aparece en la versión original, pero la referencia es confusa. Los interesados ya han comenzado las acciones legales conducentes en este caso (denunciando el caso ante la UNSNH, el CONACyT, y mediante la acción de los abogados de la editorial de la Universidad de Nuevo México) pero al margen de ello nos han pedido a mí y a otros colegas traigamos este asunto a la atención del mayor número posible de investigadores y medios de difusión de nuestro trabajo académico.[2]

Posteriormente, se sabría que el plagio al libro colectivo de los investigadores estadounidenses se dio de forma íntegra (introducción y los seis capítulos), algo, sin duda, brutal por donde se mire: brutal para el comité editorial de la Universidad Michoacana, brutal para los censores atrofiados de CONACYT, que da cabida a los simuladores, vividores, vivales y otros camajanes engordando y dándose vida regalada y burguesa a costa del poco presupuesto en materia de investigación científica de este país, donde la ciencia y la cultura están sometidas a los aspavientos y veleidades políticas. Para los libros que encenegan el trabajo investigativo serio y honrado, no existe otro horizonte más que el que apuntan los investigadores estadounidenses víctimas del plagio: “Las acciones criminales de Núñez Arancibia cuestionan no sólo su credibilidad como historiador, sino también ponen en tela de juicio los mecanismos de arbitraje, revisión por pares, y financiamiento de la Universidad Michoacana y del SNI-CONACyT. Exigimos que el libro sea destruido y esperamos que las autoridades correspondientes tomen cartas en el asunto.”[3]
 Vividores, falsarios, simuladores y seudo investigadores como Rodrigo Núñez Arancibia, quien de enero de 2010 a junio de 2015 obtuvo la friolera de 874,765 pesos en apoyo por ser “investigador” nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores (SIN), no es el único, hay demasiados de ellos incrustados y medrando en las universidades del país: gente que se ostenta con títulos rimbombantes de doctor en tal y tal cosa salidos de universidades extranjeras o hasta del mismo COLMEX o la UNAM, que reciben canonjías, aguinaldos y presupuestos por el solo hecho de decir que investigan, o que ya investigaron al comienzo de los tiempos, o que investigarán el día que la marrana se decida al fin poner huevos.
Podemos apuntar algo más de este “investigador” de origen chileno medrando a costa de los recursos del país. El caso del plagiador Núñez Arancibia pone claramente a ojos de todo el mundo ese pecado de origen de nuestra academia mexicana, enamorada siempre de lo extranjero y de las academias de fuera al día siguiente de la instauración de la primera Universidad fundada en el país en el primer siglo de la conquista: me refiero al racismo de la academia mexicana. El affaire de este plagiador con la academia mexicana, podría titularse de la siguiente manera: “HISTORIAS DE UN PLAGIADOR Y DE UNA MERETRIZ SEÑORA ACADÉMICA MEXICANA AMANTE DE LOS BARBUDOS”. El problema con Núñez Arancibia, aparte de su criminalidad tipo Pinochet, es que es de origen chileno, no mexicano. Es un hecho que entre la academia mexicana, se da uno de los casos más tristes de racismo intelectual: existe racismo académico cuando las universidades y centros de investigación del país, a priori le dan mayor importancia a doctorados de fuera en vez de doctorados realizados en el país con las mismas, o mucho mayores exigencias académicas que los doctorados en el extranjero, aun si el doctorado de fuera del país sea más pato que el pato Donald. Otro caso de racismo académico se puede ejemplificar en la siguiente aserción: entre los malinchistas académicos mexicanos e instituciones universitarias mexicanas, mientras estos le abren todas las piernas a los investigadores “extranjeros”, a los investigadores mexicanos les piden hasta las perlas de la virgen. Por el sólo hecho de que un “investigador” provenga de fuera del país, la meretriz academia mexicana  rara la vez le exige transparencia, credibilidad, y otras cosas que no viene al caso citar aquí.

El caso de Rodrigo Núñez Arancibia, resulta interesante no sólo para analizar el racismo de la Academia Mexicana; resulta atractivo no solamente para diseccionar la enfermedad y el delito del plagio de los estériles de pensamiento y de escritura,[4]  sino que nos sirve para apuntar cómo reaccionará uno de los centros de investigación más importantes del país, el aristocrático Colegio de México (COLMEX), institución que en 2004 Núñez Arancibia obtuvo el grado de doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología. Y es que, según la nota de prensa de El Universal, la tesis de Núñez Arancibia, Las transformaciones del empresariado chileno: empresarios y desarrollo (401 hojas) resulta una “transcripción casi total del libro La revolución empresarial chilena,” de la investigadora chilena Cecilia Montero Saavedra, en al menos 90 por ciento del texto original.[5] Montero Saavedra, al saber del saqueo cultural que fue víctima su esfuerzo académico de las manos de un “colmexiano”, exige que al menos saquen del catálogo de la biblioteca Daniel Cosío Villegas esa falsa tesis: “Lo que me deja anonadada es la impunidad en que quedó por 10 años no sólo él sino su Dirección de Tesis que no validó nada del trabajo empírico. Lo delicado es que yo me comprometí al buen uso de la información con mis entrevistados. Conocí el CES de El Colegio de México y tuve siempre una muy buena imagen de lo que hacían. Tendré que verificar que, al menos, saquen esa falsa tesis de sus registros y bibliotecas”.[6]
La respuesta a estos hechos que van contra toda ética académica (y ya no digo que tipifica como delito) por parte del COLMEX, provino del director del Centros de Estudios Sociológicos de dicho Centro investigativo: no existen pruebas para considerar hasta ahora que existe el delito de plagio,[7] a pesar de que la misma Secretaría Académica del COLMEX, mediante un comunicado aparecido en su muro del Facebook, señaló que tenía conocimiento que “desde hace algunas semanas de que un egresado ha sido señalado por un posible plagio vinculado con su tesis doctoral”. Esa olímpica demora de las autoridades del COLMEX para analizar y cotejar los dos trabajos, ¿se debe a que le importa poco sustanciar completamente este entredicho a la profesionalidad de sus comités de tesis y de los directores y académicos de dicha institución?   Esta respuesta institucional, demasiado institucional del COLMEX, de poner en duda el señalamiento de que la tesis doctoral de Núñez Arancibia sea en realidad un plagio piratezco, da mucho qué pensar. Es posible que el aristocrático COLMEX, aunque diga y maldiga de que procederá en derecho, realmente no procederá contra el pantagruélico plagiador salido de sus aulas, el infame Rodrigo Núñez Arancibia, quien ha dejado caídos por el culo tanto al ya sabido mafioso y mercenario SNI, así como ha sentado un precedente terrible a los procesos de titulación del alumnado del COLMEX: ¿Es un caso aislado en el COLMEX lo hecho por Rodrigo Núñez Arancibia?[8] ¿Tendrá los arrestos y la honorabilidad necesaria el COLMEX para quitarle el grado al delincuente si se comprueba que su tesis doctoral fue plagio, como al parecer así fue?, ¿Destituirá al sínodo del falsario plagiador por sus graves omisiones y acciones? Mi opinión es esta: el COLMEX, más bien, contra viento y marea sustentará que la tesis doctoral del plagiador se hizo conforme a las normas establecidas en los procesos de titulación de esa institución, y, por lo tanto, piensa cortar las especulaciones de que cuenta con tesistas piratas: para el COLMEX, la tesis doctoral de Núñez Arancibia es una tesis con toda la legalidad posible. Porque si esto no hiciera, Núñez Arancibia, el plagiador brutal que comió casi un millón de pesos del sistema mafioso del SNI en un lustro, será el baldón eterno para dicho Colegio creado por españoles.
No obstante, aunque el Colegio de México refrendara, contra viento y marea, que la tesis del plagiador  Núñez Arancibia no fue plagiada porque, al parecer, para un posibible lógica del COLMEX  el 90 por ciento de plagio no representa plagio alguno, el COLMEX está obligado a actuar contra las actuaciones criminales y para nada éticas de su egresado de origen chileno con respecto al libro Religion in New Spain: el Colmex (y vale lo mismo para las distintas universidades y centros de investigación del país) debería sentar un tipo de jurisprudencia llamada Caso Núñez Arancibia, que significa que TODA INSTITUCIÓN EDUCATIVA DE PRESTIGIO SE RESERVA EL DERECHO Y LA OBLIGACIÓN A FUTURO, DE REMOVERLE EL GRADO ACADÉMICO A SUS EGRESADOS QUE INCURRAN EN ACCIONES Y HECHOS QUE PONGAN EN ENTREDICHO LA HONORABILIDAD DE LA INSTITUCIÓN, como es el patente caso del delito de plagio.
Con el boom de la eficiencia terminal y los puntos para el SNI que persiguen los mercenarios académicos (a veces, con tal de titular  a granel, se aceptan mamarrachos de tesis[9]), los procesos de admisión para postgrados en México, al parecer se van flexibilizando como producto del neoliberalismo en la educación en el país, cuando lo que se requiere es más exigencia académica, investigativa y educativa. La academia mexicana, aparte de ser una academia racista y enamorada del extranjero “conquistador” y las modas del imperialismo académico, en gran medida es una academia simuladora y engolosinada con sus cotas de poder en intra-muros universitarios. Creíamos que el COLMEX, esa institución que tanto nos ha dado a todos (colmexianos y no colmexianos), estaba libre de esas grillas provincianas, pero al ver la duda de los procesos de titulación instaurado en la mala conciencia nuestra por el affaire Núñez Arancibia, uno no puede dejar de apuntar que, para entrar al COLMEX, una tradición muy mexicana, la de padrinos, es lo primero que cuenta: vale más en el COLMEX las cartas de recomendación que un buen proceso de selección.



[1] Doctor en Historia.
[2] Comunicación del doctor Víctor Gayol encontrada en el muro de Facebook de la doctora Diana Birrichaga, 20 de junio de 2015.
[3] “Nuevo caso de plagio serial en la academia. Acusan a investigador de Universidad Michoacana”, artículo de Geraldo Martínez, El Universal, 6 de julio de 2015.
[4] Sobre el plagio, véase “El plagio y su impacto a nivel académico y profesional”, de Armando Soto Rodríguez, E-Ciencias de la Información Revista electrónica semestral, ISSN-1659-4142 Volumen 2, número 1, artículo 2 Enero - junio, 2012 Publicado 1 de enero, 2012 http://revistaebci.ucr.ac.cr/ Un punto de vista eminentemente jurídico del tema, se puede ver en el trabajo de Manuel Becerra Ramírez “El trabajo académico, plagio y derechos de autor”, 2012, UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, texto en línea: http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/7/3138/11.pdf
[5] “Nuevo caso de plagio serial en la academia. Acusan a investigador de Universidad Michoacana”, artículo de Geraldo Martínez, El Universal, 6 de julio de 2015.
[6] Ibidem. Hasta el momento en que escribo este artículo, la tesis del plagiador compulsivo todavía es posible de descargarse en pdf de la biblioteca del COLMEX.
[7] “El Colmex: ‘No hay pruebas para afirmar que tesis fue plagiada’”. El Universal, 7 de julio de 2015.
[8] Puedo apuntar, que al menos existe un colmexiano de Yucatán, que si bien no puede decirse que plagió una tesis doctoral completa como lo realizado por Núñez Arancibia, sí utilizó, en la mayor parte de su trabajo, fuentes de archivo apuntadas en el artículo  “El cardenismo en Yucatán”, de las doctoras Marie Lapointe y Lucie Dufresne. Al que le quede el saco, que se lo ponga.
[9] En el CIESAS Peninsular se han aceptado tesis mal escritas de 179 páginas para opción al grado de doctor. Aunque la cantidad no es calidad, descreo que en este caso de las 179 páginas que apunto, sean páginas de completa calidad investigativa. 

viernes, 3 de julio de 2015

PALABRAS A LA MEMORIA DE DON MANUEL SARKISYANZ (1920-2015)

Don Manuel bajo la estatua de su biografiado, don Felipe Carrillo Puerto.

Apenas me entero de la muerte del gran historiador azerbayano-alemán, el doctor don Manuel Sarkisyanz, cuyo libro Felipe Carrillo Puerto. Actuación y Muerte del apóstol “rojo” de los mayas es hasta ahora el texto más acabado sobre el Dragón Rojo con ojos de jade de Motul. Murió en marzo de este año, vivió sus últimos 20 años de vida en Mérida, en compañía de su esposa Helda, ya fallecida también, y de sus muchos perros, pues don Manuel era un canófilo y defensor de los animales. La historia yucateca y la revolución en Yucatán fue una de sus pasiones como clíonauta, le debemos ese libro como historiadores del patio, aunque escribió otros libros sobre los movimientos revolucionarios en el área andina, se interesó en la Revolución de octubre de 1917, y analizó los orígenes de Adolf Hitler. Para febrero de 2014, don Manuel presentó en Mérida su último libro traducido al castellano, Kollasuyo: Historia indígena de la República de Bolivia. Profetas del resurgimiento autóctono.
Nació en 1920 en Bakú, Azerbayán, perteneciente entonces al orbe soviético, y fue, como otro historiador marxista, Eric Hobsbawm, testigo implacable del atroz siglo XX.  Una visita como turista a Yucatán lo hizo hechizarse de la figura del socialista motuleño. En aquella ocasión, don Manuel le dijo a su esposa, Helda, que él escribiría sobre don Felipe, y en 1991 apareció, en el lenguaje de Goethe, Vom Wirken und Sterben des Felipe Carrillo Puerto des "Roten" Apostels der Maya-Indianer: Zur politischen Heiligenlegende im revolutionären Mexiko, editado por la Universidad de Heidelberg, su casa de estudios donde don Manuel enseñaba la historia de los movimientos sociales de descolonización.
En 1995, el Congreso del Estado de Yucatán tradujo y editó la obra al castellano, un libro sumamente erudito, ameno y bien documentado, donde don Manuel no se decanta únicamente al archivo y bibliografía, sino que hace uso de la historia oral y de las distintas literaturas para darnos a conocer la actuación y muerte del Apóstol rojo de los mayas. Aunque es una obra dispuesta para la crítica historiográfica, merece la pena una nueva reedición con un mejor cuidado en la traducción, esa es una deuda que se le debe a don Manuel, que tanto amó a Yucatán.
El 23 de octubre de 2013 tuve la oportunidad de conocerlo en el CIESAS Peninsular, de escucharlo, de estrecharle la mano, de decirle que lo admiraba y, casualidades del destino, ese día cargaba en mi mochila su libro sobre Carrillo Puerto que me conseguí en una librería de viejo de Mérida. Me lo firmó, me lo dedicó con su puño y letra, y ese libro se encuentra en mi biblioteca personal, es un tesoro para mí, conocí muchas cosas de la historia yucateca leyéndolo y por eso le di gracias a su autor, a don Manuel.
En 2014 oí algo terrible que me puso triste: al parecer, don Manuel se acercó al CIESAS Peninsular para donar una parte de su rica biblioteca: en lenguas que no solamente eran el alemán, el inglés o el castellano, arguyo que también contaba con libros escritos en persa y azerí, idiomas que dominaba don Manuel, su biblioteca era una biblioteca que buscaba refugio. No sé si el CIESAS Peninsular le dio cabida a ese tesoro que los bibliófilos armamos con amor, la biblioteca personal de un historiador o escritor, pero esa noticia me hizo recordar la mortalidad de ese hombre, un nonagenario que tenía una lucidez que muchos desearían a los 30 años. Supe que el fin estaba cerca, y ese día me refugié en la lectura de su libro y me puse a pensar en los libros huérfanos de don Manuel.
En la Biblioteca Yucatanense, al parecer existe un texto que don Manuel escribió como legado para conocer algo más de su obra, algo más de su vida. En 217 páginas, ese repositorio de la memoria yucateca guarda una Autobiográfica documentación de Manuel Sarkisyanz, no tengo la oportunidad de consultarlo, pero hago votos de que se trate de una autobiografía de este historiador, pues los clionáutas y yucatecólogos entraríamos al taller de este orfebre de la memoria revolucionaria e indianista de Yucatán, que en 1996 desmitificó a Mr. Joseph, defendiendo a Carrillo Puerto de los adjetivos de torturador y manipulador del pueblo maya, que Joseph sugirió en el libro Revolución desde afuera y en artículos como El caciquismo y la Revolución: Carrillo Puerto en Yucatán.
La muerte de don Manuel Sarkisyanz, acaecida el  10 o el 12 de marzo de 2015, al parecer, para el gremio de los historiadores –yucatecos y yucatecólogos- pasó desapercibida. Me he afanado en buscar un obituario o una esquela de un historiador dedicada a la memoria de este gran historiador, pero he batallado en vano. La mala leche, el individualismo o la poca memoria de los historiadores yucatecos hacia este hombre sabio, no me sorprende, y para ser franco, no espero nada bueno de la “ciudad letrada” meridana. Canófilo como era, el obituario, o las palabras para recordar, más que al historiador, al amigo de los ambientalistas yucatecos, tuvo que venir de Rosario Sosa Parra, presidenta de la Asociación por los Derechos de los Animales en Yucatán, A. C. En su muro del facebook, Sosa Parra recordó el 14 de marzo de 2015, a este historiador que ya descansa en el cementerio de Xoclán, en Mérida:

A pesar de no escribir desde hace varios años, hoy dedico estas líneas a un gran amigo y benefactor de los animales y del medio ambiente. Él ya trascendió, pero su corazón permanece en estas tierras del Mayab, mismas que tanto amó y que ahora lo albergaran eternamente.  Desde la última década del siglo XX tuvimos el honor de hospedar a dos distinguidos personajes en Mérida, Yucatán, el Dr. Manuel Sarkisyanz y su esposa la Dra. Helga (q.e.p.d.), él de origen Iraní y ella de origen alemán. Dedicado a la historia y en especial al indigenismo de América, el Dr. Manuel Sarkisyanz escribió libros reconociendo la valiosa aportación de las culturas precolombinas, defendiendo y difundiendo siempre los saberes de las diferentes etnias del continente Americano…Exploró una amplia gama de intereses durante su larga carrera académica. Nació en Irán en 1920, estudió en los Estados Unidos y enseñó durante muchos años en la Universidad de Heidelberg, Alemania, escribió sobre Birmania, Rusia y Latinoamérica…El Dr. Manuel Sarkisyanz murió después de larga dolencia a la edad de 94 años el 12 de marzo de 2015 a la una de la mañana, en esta ciudad de Mérida y fue inhumado el día 13 de marzo a las 10 horas en el cementerio de Xoclán. Se caracterizó por su gran amor a la historia y a los perros, durante sus más de 20 años de estancia en Yucatán se acompañó de hermosos pastores alemanes a los que llamaba sus hermanos y con los que sostuvo una amistad y amor hasta que ellos trascendieron. Así, su gran pasión por la historia y por los caninos fue distintivo de este gran hombre. El Corán dice que, cuando una persona muere corre el riesgo de perderse en su camino a la luz pero, cuando ha ayudado a los animales, estos con su colita le mostrarán el camino a seguir, y el Dr. Sarkisyanz seguro encontró a Lobazo, Laika, Falk para mostrarle el camino a la luz.


En mi billetera siempre guardo una tarjeta del doctor Manuel Sarkisyanz. Esta tarjeta no es mía, es de mi amigo el historiador chetumaleño, Celcar López Rivero​,  que hasta ahora no se la he devuelto. Haciendo su tesis de licenciatura, Celcar tuvo la dicha de conocer a don Manuel en Mérida, conoció su biblioteca inmensa, platicó con este sabio hombre, y ojalá y me perdone algún día mi amigo Celcar, porque no pienso devolverle la tarjeta de don Manuel Sarkisyanz.
Para enero de 2015, en el 91 aniversario luctuoso del asesinato de don Felipe Carrillo Puerto, en el cementerio general de Mérida, debajo de la tumba donde descansa el soviet yucateco, don Manuel, ante un grupo de hombres y mujeres del campo y obreros yucatecos, fue honrado con los aplausos de ese pueblo que su biografiado, don Felipe, tanto quiso y amó (véase el minuto 24:40 del vídeo que comparto). Don Manuel recordó que para apreciar el martirio de Carrillo Puerto habría que estudiarlo en el contexto del resurgimiento de los pueblos autóctonos de América. Parafraseando las palabras que don Manuel escribió sobre la muerte de don José Tec Poot, hay que decir que su memoria vivirá en las experiencias existenciales que han tenido con él tantos estudiosos y lectores de su obra.




martes, 30 de junio de 2015

DICTERIOS CONTRA LA HUAYA: EL FRUTO IDÓLATRA



No sé si es anti cancerígeno como aseguran por ahí los hierbateros del internet, pero sí sé que puede provocar ahogamiento en los chiquitos. Lo digo de buena fuente: mi tío Mey ya mero se nos muere debido a una huaya del demonio que un día decidió quedarse en su esófago. Desde entonces, mi madre, aunque no me prohibió comerla, desde infante que no había dejado la teta me dio lecciones de cómo comerla sin peligro alguno. Me decía que me embrocara, con mi cara viendo a las hormigas del suelo, y que por ningún motivo hablara o dijera una grosería porque si eso hiciera, el diablo metería su cola hedionda en mi boca y haría que me tragara la huaya y esta cerraría mi garganta y en menos de lo que estoy contando esto, me ahogaría y me moriría. ¿Quieres ver a una madre sin su hijo?, decía mi madre, y yo lloraba y lloraba y le respondía que “no, mamita linda, no como ni comeré nunca en mi vida esa maldita huaya”.
Esto, desde luego, no era cierto, porque a todos los chiquitos les gana por ser imitadores por naturaleza, simios imitadores por naturaleza como decía el bueno de Aristóteles, y aunque a mí no me gustaba ni el olor ni la consistencia de la carne de la huaya, pues recuerdo que me dejaba con un sarro agrio los dientes y la lengua, a semejanza del primo Diego, que nunca se lavaba los dientes, mis primos la comían como cerdos, y creo que eso eran, cerdos, y yo quería saber qué se sentía ser un chancho de vez en cuando, y le decía a mi madre que quería comer huaya con chile molido y limón para que me agrie la boca, y mi madre me hacía la huaya con chile y limón pero partía en dos cada frutito y me decía que así no me ahogaría, pues si la tragara, pasaría por mi garganta y en la tarde la cagaría.
Pero ya basta de recordar esos años pasados, no me gusta vomitar mi infancia, mejor digo por qué no paso esas huayas. En otras regiones distintas de la geografía peninsular, a este fruto “tropical” se le nombra como quenepa, mamón, mamoncillo, cotoperi, guayum, papamundo y otros nombres barrocos. Se encuentra en la región de Centroamérica, en la Península de Yucatán y, tal vez, en Cuba. En mi pueblo, al parecer, existen dos clases de huayas: la huaya propiamente, y el mamoncillo, un fruto más gordo y robusto que la primera. El mamoncillo tiene una cáscara patinada de verde intenso, mientras que la huaya se pudre y humedece su envoltura rápidamente debido a las lluvias torrenciales que la hacen germinar.
Dicen que es rica en hierro y en vitaminas B 1-3-6 y12, igual aseguran que es antidiarrréico y desparasitante, y como el brócoli, previene el cáncer aunque la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (Food Drug Administration en inglés) no le reconoce hasta ahora esa propiedad, como sí al brócoli. Pueden decir lo que quieran los defensores glotones de la huaya, pero yo sólo sé que no me gusta, que siempre las repelía, y años después de la anécdota infantil líneas arriba contada, cuando a los diez u once años ya veía claro y ya sabía que cosas sí y que otras igual me fastidiaban, sentía que la huaya era un fruto bárbaro, y mi cuerpo reaccionaba al instante vomitándola cada vez que veía a los idólatras comerla.
Si detesto ese fruto bárbaro y me fastidia ver la basura enlodada (pues la huaya se da en tiempos de lluvia, cuando las calles de los pueblos yucatecos se enlodan y hieden a k’omoj, a mariscoso) que dejan los comedores o “anoladores” de huayas (en Mérida, junto con el nance, otro olor que detesto, son los frutos que acostumbran a comer como bellacos todos los bellacos), podemos endilgarle a la huaya de ser la razón principal de que las rejillas de las coladeras se obstruyan debido a los kilos sobre kilos que consumen de forma industrial los yucatecos. Y podemos achacarle un delito más a las huayas: ellas son las culpables de muchas fracturas de pierna, de dolores lumbares, de caídas sufrientes al pavimento de la fatalidad al pisar tus zapatos sin querer el lomo bruto de una huaya que fue anolada por un chiquito masca huayas, o un gordo mofletudo anti ecológico.
Que Dios ampare al hombre de las huayas, que Dios elimine para siempre del rastro de la humanidad, a esos sempiternos anoladores y adoradores de las huayas.

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