lunes, 18 de agosto de 2014

La memoria olvidada del general Elías Rivero




“Soy veterano de la Revolución habiendo causado alta en ella el 3 de marzo de 1911 combatiendo con las armas en las manos en este mismo lugar [de Peto] en contra de los latifundistas y enemigos del pueblo.”
                                                                           Carta del general Elías Rivero al presidente Lázaro Cárdenas, 1939.

Bajo el signo de cáncer muy pocos revolucionarios han nacido. Elías Rivero nació bajo ese signo, un día 5 de julio de 1875. 8 meses apenas más joven que Felipe Carrillo Puerto, fue contemporáneo de Antonio Machado, de Carl Jung y de Thomas Mann: todos nacieron el mismo año.
Era un signo de agua el que traía el hijo natural de Ysidra Rivero, y nieto de doña Catalina Rivero: de agua premonitoria, de un viento de justicia y venganza que irrigaría los montes del sur con escopeta en mano, levantándose como un león en contra de "los latifundistas y enemigos del pueblo" (palabras de Elías apenas sacadas del polvo de los archivos del AGN). En los registros parroquiales de la iglesia de la Asunción, de Peto, existe otro Elías Rivero, pero éste con segundo apellido Gómez, nacido en 1841. Tal vez este Elías Rivero Gómez sea un tío de nuestro general.
Como el Elías bíblico, este Elías suriano desafiaría a los 450 y más demonios del Baal porfiriano, racista y esclavista del pueblo, incendiando cañaverales y proclamando la Revolución, en la cual se dio de “alta” el día 3 de marzo de 1911. Con 25 primeros años de su vida viviendo en un pueblo fronterizo, seguramente Rivero, o el adolescente y joven Rivero, participaría en las pequeñas revueltas de 1892 y 1894 de los de Peto en contra de don Porfirio y sus políticas agrarias que iban en contra de los ejidos; y para 1900 marcharía al oriente a combatir a los de Chan Santa Cruz. Era un hombre de armas que se andaba preparando para cosas más duras cuando alcanzara sus bien entrados 34 años para 1911. No sabemos si esto fue así, si en verdad Rivero participó en aquellos antecedentes directos de la rebelión de 1911, o si fue a combatir a los de Santa Cruz, porque de Rivero apenas sabemos nada, ya que las “circunstancias de entonces” le impidieron a este agricultor, maestro de la platería y futuro revolucionario, “guardar los documentos” donde constaban su participación en innumerables acciones de combate.

Sin embargo, sabemos ya bastante de Rivero: sabemos que con sus acciones de combate movió las viejas estructuras podridas de las élites pueblerinas petuleñas en 1911, sabemos que no tuvo descendencia, que vivía en la calle 27 número 204, que se levantó cuando menos dos veces, que fue fundador del Partido Socialista en el pueblo y creó la Liga de Resistencia local con la cual ayudaría a los campesinos a obtener tierra (la libertad, Rivero ya la había ganado para estos parias del sur), que fue diputado bajo la égida del Dragón Rojo con ojos de jade Motul representando a los mayas del sur, que le hizo frente a los delahuertitas  y al traidor José Loreto Baak durante más de dos meses, y que al final de su vida acabó siendo excluido, su memoria queriendo ser extirpada del pueblo por las élites pueblerinas, y que apenas a finales de 2011, como un homenaje a los cien años de cuando los conjurados de Xtahzi de marzo de 1911 dirigidos por Rivero se levantaron en armas proclamando en el pueblo la Revolución al grito de ¡Viva Madero! y escupiendo bala con sus máuseres, un historiador nacido en su mismo pueblo, de ancestros porfirianos, tendría como objetivo restaurar la memoria olvidada del general Rivero.

miércoles, 13 de agosto de 2014

El Supremo Capón (cuento contrarrevolucionario)



"Castrar, según el monárquico RAE significa capar, castro tiene sus raíces en este verbo, y capar es extirparle a un macho -animal o humano- los órganos genitales. Fidel Castro, desde el primero de enero de 1959, haciendo honor a su apellido de sátrapa, no ha dejado de castrar a casi todos los cubanos, incluido a sus hembras". (Del libro "Cartas a una joven prostituta", del filósofo petuleño Sergio Salvador Vilax).

“Se acabó la diversión,
Llegó el Comandante
Y mandó a parar.” (Letra de Carlos Puebla, aunque uno preguntaría ¿qué es lo que mandó a parar el Comandante?, ¿El tiempo, su muerte?)

Allá en mi pueblo -un pueblo sin crepúsculos arrebolados que siempre fue conservador y porfiriano en sus tiempos mejores-, se decía cosas de Cuba y del comunismo, que escuchaba desde mis muy infantes años de la última década del socialismo real anterior a la caída del Muro de Berlin. Estas consejas pueblerinas iban desde alabanzas acríticas a esa gigantesca mazmorra isleña, hasta execraciones malignas proferidas por los beatos del pueblo: que de Cuba nada bueno –salvo Reinaldo Arenas, Cabrera Infante y otros grandes disidentes como Huber Matos- salió desde que llegó Fidel y “mandó a parar” y mandó a defenestrar el tiempo para imponer un único tiempo: el tiempo de la “Revolución”, petrificando hasta las olas del mar de aquella inmensa mazmorra tropical.

 Una de esas historias –algunas, sicalípticas si había una jinetera de ancho caderamen de por medio- que mis orejas no tan inocentes oyeron alguna vez, me la contó un viejo marxista del pueblo que quiso hacer la guerrilla subido a la Sierrita Puuc, pero que a la vuelta de su autocrítica se volvió un descreído de ronco penar de su vieja fe de idólatra “marjijta leninijjta”,  y tocaba directo a la larga longevidad del sátrapa antillano nacido de los testículos estirados de su señor padre gallego feudal, hijo de señor feudal, el sátrapa antillano burgués amanerado que estudió el derecho corrompido salido de la colonialidad cubana donde los negros siguen siendo siervos de la gleba a pesar de revoluncioncitas-sierramaestras-conchadesumadre-pelaná.
El viejo profesor ex materialistahistórico-mao-sendero-ligado23-delincuencial, en una cantina de mala muerte de aquel pueblo de no menos mala muerte, al octavo misil me preguntó algo así (sus palabras estaban trufadas de "coños" y de por "una chingada" y de “comemierdas”):

¿Usted sabe por qué Fidel enterrará a todos esos hijueputas que se inmolan como bestias por una ideología roja del carajo? Ya enterró a Hugo, ahora va por Evo, luego por Correa el hijo de su chingada.

Yo, apenado de mi supina y crasísima ignorancia, dije:              

No, maestro, usted cuente: ¿por qué el dictador enterrará a todos esos hijueputas comemierdas mactaes pelanaes chingada de su madre rojos pútridos sin elegancia?

El ex marxista, descreído de todo dogma y de todo caudillaje y anexas peladajes, contestó:

Es sencillo: el caballo está capado.

¿Cuál caballo está capado?

No sabes ni una chingadera de historia, ¡recoño! El caballo, para que vayas sabiendo mi querido historiador pueblerino, era el apodo que tenía en la Sierra Maestra el camaján que regentea la isla-jinetera aquella.

¿Así?

Sí, dicen que no tiene un huevo el hijueputa, y las malas lenguas aseguran que no uno sino los dos le faltan. Que es un capón, un macho dictador pero capón, como esos cochinitos que capaba tú abuelo para que no sean verracos y anden chingando la carne con sus testosteronas.
Una vez, estando en La Habana en un viaje de turista revolucionario –por las mañanas aprendía con los cubanos estrategias de guerra en un cuartel a las afueras de la ciudad, y por las noches iba de putas con todas las negras y mulatas que me encontraba sin querer, dándome el culo sin pedir nada a cambio, apenas unos mugres dolaritos-, recalé en una lancha de pescadores furtivos porque quería homenajear a Hemingway comiendo pescado frito con pan cazabe y tomando hartos litros de ron. En medio de aquel mar azul-azul de la mazmorra antillana, con algunas aletas de tiburón rodeando la barcaza, los pescadores comenzaron a contarme cosas antirrevolucionarias según yo, porque en aquel entonces todavía no había renegado de mi marxismo pueblerino. Los pescadores me decían que no tenían ni para bañarse bien ni para comer como se debe, que el colectivismo había vuelto conchudo a medio mundo, y que las universidades “revolucionarias” seguían siendo de los blancos, no de los negros ni de los guajiros:

“¿Has visto tú –me cuestionaron- a un médico negro?”

“¡En mi puta vida, ahora que lo dices, no!, pero he observado que el mercado jinetero está copado de negras, pero de esas jineteras, igual hay blanquitas culoredondos”.

Yo ya estaba a punto de sacar mi revolver de guerrillero y mandar a la chingada a los pescadores furtivos contrarrevolucionarios, cuando uno, el más viejo de la tribu, dijo:

Yo pertenecía a la guardia revolucionaria cubana, combatí en África con el asmático asesino, y una vez, en una orgía en que el Sátrapa se cogía a Haydé hasta por las amígdalas, después de sus arrumacos, oía que ésta le decía a Fidel que se siente rebonito que le estén dando por el culo por un supremo capón. Yo entendí, del otro lado de la puerta de la alcoba del sátrapa supremo, al instante que Fidel no tenía huevos. Luego, paré bien la oreja para seguir oyendo: el Supremo Capón, practicante de la santería, le contó a Haydé que la causa de su capada, o emasculada para ser finos en la hablada, se debió a que, teniendo ya a todos sus hijos, el “macuco” santero de la Habana le dijo que por cada huevo que se cortara, 25 años de vida tendría. No había ni terminado de explicar sus razones el brujo, cuando el Sátrapa, amante de la vida, con un “filo” o navajita para rasurar que traía, se descuajó ahí mismo sus mierdas.

El viejo profesor, bebiendo el décimo misil, con un delirio de lucidez tremens, dijo:

Ahora, imagínate que el hijo de su chingada hubiera nacido monstruo como mi tío Tino, que nació con tres huevos en el escroto. Capaz y que nos entierra a todos el hijueputa.

jueves, 7 de agosto de 2014

De las fijezas del "Yucatán profundo" a las tripas y vísceras al aire, o de la miseria de nuestras “tradiciones y costumbres”


En una nota de prensa del Diario de Yucatán leo que en la cuenta de facebook del rancho San Pedro Kulinché, se promueve  una cabalgata para defender aquella barbarie de alta y profunda “tradición” yucateca, llamada "torneos de lazo", inventada o traída a lajas yucatecas por empresarios del alcohol, del vicio y de la prostitución de la condición humana en Yucatán. Al entrar en la página del Facebook del rancho de marras, la defensa de “la tradición” decía:

Jueves 7 de agosto cabalgata y charlota gratis, en apoyo a que sigan los torneos de lazo en todo yucatan si quieres participar eres ganadero, caporal, vaquero, narrador, rejero, o eres aficionado a los torneos de lazo apoya para que siga este deporte extremo la reunion es EN EL RUEDO CHAMACO BALAM ubicado en la colonia leona vicario x la 42 sur la salida es a las 3 d la tarde llega a tiempo participa necesitamos de tu apoyo corre la voz…DILE SI A LAS CORRIDAS, LOS TORNEOS DE LAZO Y AL USO DE NUESTRAS COSTUMBRES Y TRADICIONES VIVA YUCATAN...

Hurgando otras cosas de esa página, me sorprendió esta siguiente fotografía sanguinolenta:


Y debajo de la foto, la siguiente leyenda:cabalgadura que le toco perder el día de ayer en el duelo de ganaderías de Ucu en astas de nuestro toro estrella el AGUACATE”.

Tanto la nota en defensa de “nuestras costumbres y tradiciones”, así como la foto, me dio pie a unas pequeñas reflexiones y preguntas. En primera, me pregunté que, ¿qué es lo que pasa por la cabeza seborreica de un yucateco o yucateca “linda hermosa”, mientras asiste impertérrita a la recreación de una barbarie paleolítica? Algo de mesoamericano, algo anormalmente mesoamericano, o algo de rescoldos de guerra inter-tribal existe en esas muestras de destripamiento de caballos, como para causarles admiración y atracción a las y los “mestizos”, y a otras wiradas de los pueblos del Yucatán profundo.

Si en este país las leyes se respetaran y se cumplieran, y más exacto, si en esta país los animales tuvieran el derecho de morir con dignidad (salvo los que sirven para el consumo humano, ya que tampoco creo en vegetarianismos), ésta sola imagen y esta frase de desprecio a la vida, frase de homicidas sin escrúpulos, nos haría decir que Pedro Pérez es un criminal en toda la extensión de la palabra, o peor aún, un ser amoral, una bestia sedienta de tripas, de caca mezclada con sangre de caballos, como casi todos los yucatecos que van y asisten a los torneos de lazo: seres despreciables, seres amorales, bordeando o traspasando los límites del delito, no tengo la menor duda de que, si pudieran, el yucateco o la yucateca que asiste a los torneos de lazo, como un deseo inconsciente, se bañaría y fornicaría entre tripas y sangre coagulada de caballos.

Dicen que es una costumbre, o podríamos ser radicales al momento de hablar, y decir que es "la costumbre" por antonomasia del Yucatán profundo de los seres despreciables (adiós baile de la cabeza de cochino, y qué chachac ni qué estupideces milperas, lo importante, para el yucateco despreciable, son los torneos de lazo que no tienen ni 20 años de hacerse), entrando con todo derecho en el catálogo de los "usos y costumbres" de la otredad yucateca.  Que defender los torneos de lazo es defender nuestra identidad como pueblo, dice "don" Pedro Pérez, aquel peligroso individuo que fuera dueño del difunto “toro asesino” llamado “Sinaloense”. Pues bien, si a esas vamos, si eso entienden por su “identidad como pueblo yucateco”, déjenme decirles que sus identidades corrompidas me dan harta flojera, me causan vómitos, y me dan ganas de orinarlas. Orino en sus tradiciones de chacales. 

Y perturba más saber, que esas “tradiciones” que defiende Pedro Pérez, al 95 o más de los yucatecos de "los pueblos" les gusta y les atrae. A pesar de que el Ayuntamiento de Oxkuzcab negara recientemente un torneo de lazo, no obstante, los palqueros y empresarios del alcohol de ese pueblo de bárbaros del sur de Yucatán les importó un bledo y decidieron hacer lo que se les antojara. ¡Total!, dicen, si la Ley de Protección a la Fauna del Estado es muy tenue al momento de establecer medidas administrativas, multas pequeñas que no lesionan para nada los bolsillos de los empresarios del alcohol y de los palqueros “mayas” del Yucatán profundo. Así como sucedió en Oxkutzcab, en casi todos los pueblos del “Yucatán profundo”, muchos se refocilan ante la barbarie, tienen una fijeza a las tripas y vísceras al aire, y demasiados ven con indiferencia la muerte de un animal porque es un animal, un ser irracional y creado por su dios cristiano al servicio de la bestia de costumbres trogloditas. ¡Viva la costumbre, viva las tradiciones de las tripas!

domingo, 3 de agosto de 2014

La corrida de toros de los pueblos del Yucatán profundo y los indianistas etnocidas: apuntes para una polémica



Ahora que están desatados los fundamentalistas de toda laya y de todo peladaje porque la clase política yucateca ha dado el visto bueno para la supresión de los torneos de lazo, han surgido enésimas ofensas y bombardeos contra las corridas de toros (tanto la corrida de toros de Mérida como la de los pueblos yucatecos). Los fundamentalistas –entre los que se encuentran, amantes de los animales, indianistas, “intelectuales mayas”, gente “pensante” y “distinguida”- han hecho un frente común para, además de prohibir los torneos de lazo (cosa que aplaudo y apoyo), ahora pretenden ir contra la "bestial fiesta" de los pueblos, las corridas de toros.
Incluso, se dice que la corrida de toros de los pueblos, no va y no entra en el catálogo de las tradiciones de la "mayanidad". Esto es lo que piensa el escritor Jorge Cocom Pech. ¿En verdad cree aquella ramplonada purista? Que le diga eso a los simples pueblerinos de las aldeas más perdidas de Yucatán, que se lo diga a los de Tixcacal Guardia (bastión, según los fundamentalistas, más puro de la “mayanidad” donde he visto la mejor corrida de toros habida y por haber), que le diga a cada "macehual" que se encuentre: que le diga que ya no tendrá su corrida de toros anual, ni su sabroso chocolomo, con su rico hueso meduloso.

El escritor Jorge Cocom Pech, dijo que "esa bestial fiesta" de la corrida de toros de los pueblos, debe ser “erradicada”. Yo le contesté lo siguiente:

Yo creo que “esa bestial fiesta", la corrida de toros de los pueblos, es muy distinta a los torneos de lazo, no hay comparación alguna. “Esa bestial fiesta” es un ejemplo claro y prístino de la readaptación y transformación de la continuidad cultural maya en nuevos contextos coloniales. El árbol del Yaxché, etc., preside la fiesta, y en la fiesta de los pueblos, la mayor parte de los toreros son de origen maya, y la charanga no es sino una música que cala hondo para un yucateco que se dé a respetar. Erradicar esa fiesta -no así los torneos de lazo, o las babosas charlotadas, esas sí, ¡que las erradiquen!- significa única y exclusivamente etnocidio. 
Jorge Cocom Pech reviró:
“Discrepo de tu punto de vista. Es una tradición ajena a nuestra cultura maya que adoptamos desde el siglo XVIII. Es desde la època de las haciendas, aunque su origen, occidental, es mucho más remoto. El ganado vacuno nos vino con los conquistadores, por lo que no es una fiesta originada desde nuestra cultura ancestral. Los tiempos, como las culturas se transfiguran. No todo siempre es igual, ni permanecerá inmutable”.

Yo volví a decir:

Claro que no es originaria, Jorge, pero lo importante es el hecho que fue adoptada, adaptada y recreada la corrida de toros. Tanto fue mayanizada esa fiesta, que ya señalé su continuidad prehispánica en el árbol del yaxché, y algo que demuestra la plasticidad de la cultura maya, es que el toro y todo lo que implica la ganadería, entraron en el mito: Juan Thul  y los ganados sirvieron mucho no solo a las haciendas, sino que en los pueblos, antes de la creación de una ley ganadera que dispuso llevar a potreros a los ganados (alrededor de 1970), los ganados sirvieron para la economía de la población maya y mestiza de los pueblos. No podemos seguir hablando de "imposiciones" ahora, porque si así fuera, no se comería tranquilamente el chocolomo....Juan Thul, ¿es maya, es español, es mestizo?

Una de esas “tradiciones” que se desea erradicar, sucede en el pueblo de Temozón, al oriente de Yucatán. En una memoria de un temoceño, se describe cuáles eran los preparativos de la fiesta anual en honor a la virgen de la Asunción. La fiesta iniciaba el primer viernes de agosto a las 4 de la tarde con el “corte de una mata de ceibo o ya’axché, “donde los hombres vestidos con sus ro­pas de gala y las mujeres de todas edades vestidas con sus coloridos ternos, bellas mestizas a acompa­ñados por la orquesta de músicos jaraneros ‘Charanga’ detonan vo­ladores, cortan la Ceiba en el terre­no de la casa de la persona que lo prometió a la virgen de la Asunción para las festividades dedicadas a su honor”. Esto sucedía en el Temozón de la década de 1940. Una vez cortado el ceibo, el presidente municipal de Temozón se sentaba “montando el árbol del “ya’axche’”, y los “hombres y mujeres de diferentes edades participantes en la tradicional corte de la ceiba la car­gan y recorren las calles acompañados con música de jaranas, reventando voladores, kiis buuts’ los “fiesteros” tomando aguardiente hasta llegar a la “plaza de toros” (tablados) y sembrarlo exactamente en el centro del ruedo”.


No sé si esta tradición sea bestial, pero para los temoseños, esta fiesta era válida, y no veían en ella ningún viso de “imposición”. Sin embargo, estas fiestas de los pueblos, hoy quieren ser erradicadas por los indianistas que, paradójicamente, resultan los más completos etnocidas. 

lunes, 28 de julio de 2014

Pelando la cebolla: ¿Guerra social maya, Guerra de Castas o Guerra multiétnica?

Ruinas de la iglesia de Tihosuco
Es un hecho que el grueso de los ejércitos que cimbrarían la Península en 1847-1848, se trató de población maya campesina, pero considero que es un error no menor, decir "Guerra Social Maya" a lo que se inició el 30 de julio de 1847 en Tepich, porque no fueron únicamente “mayas” los que participaron en ella: el vallisoletano Bonifacio Novelo, los petuleños José María Barrera y José María Torres, así como Leandro Santos o Dionisio Zapata; y tantos otros líderes mestizos de los pueblos, algunos “chinos” y negros de Belice, lucharon a la par con indígenas como Chi, Pat (aunque, de este último, igual se señala su posible origen mestizo) y Crescencio Poot (en varias descripciones de Poot que he tenido la suerte de analizar, se le describe con características “africanas”). La pregunta es, ¿es válido todavía ningunear al concepto "Guerra de Castas"?
Podemos sostener, que es muy superficial –o muy ideológico- mayanizar totalmente un conflicto que tuvo sus matices y sus ricas diversidades, como rico y diverso son los pueblos yucatecos hasta hoy en día. Y por ese solo hecho, considero que el término “Guerra de Castas” todavía es el más correcto para nombrar a ese conflicto de larga duración, aunque no desconozco los orígenes sociales y agrarios de aquella Gran Guerra, los cuales defiendo a ultranza y sin tiquismiquis, frente a los “revisionistas” de toda laya.

Las características de la naturaleza primigenia de la “Guerra de Castas” han sido descritas por innumerables estudiosos, demostrando cómo el largo conflicto dividió geográficamente a Yucatán en la segunda mitad del siglo XIX. “Guerra Social” la denominó Berzunza Pinto;[1] “guerra campesina” la adjetivó Quintal Martín;[2] guerra popular contra la economía asimétrica, sostuvo Canto López;[3] guerra tanto “agraria como étnica” con predominancia campesina, apuntó Dumond[4]; lo cierto es que podríamos interpretar este conflicto como multiclasista (hacendados como Pat convivían en los campos de batalla con líderes militares como don Cecilio Chi, o “prófugos de la justicia” como el “desnaturalizado” Bonifacio Novelo); o bien, revisitando documentación de la época, llegar a la conclusión a que Reed llegó posterior a su célebre libro: la “Guerra de Castas” fue un conflicto multiétnico y cuyas causas no fueron una sino múltiples.[5]
En su reciente estudio sobre el “mestizo”[6]  de Valladolid Bonifacio Novelo -que al igual que José María Barrera para la región de Peto, combatió del lado de los “mayas rebeldes” y fue líder indiscutible a finales de la década de 1860 en Chan Santa Cruz-, Canto Alcocer concluyó que la sublevación de 1847 no fue solamente indígena como la hiciera creer la ideología decimonónica criolla, y Novelo –así como Barrera, apunto aquí- es “un contundente mentís” a esa retórica. Bonifacio Novelo era un mestizo, un auténtico líder que pugnaba por espacios de poder en la sociedad cerrada vallisoletana, pero “los espacios de desarrollo estaban plenamente cerrados en aquel Valladolid de mediados del XIX, y Bonifacio tomó la decisión de combatir esa desesperante realidad con las armas en la mano.”[7]
Creo que he hablado mucho de José María Barrera, un “mestizo de Peto que, por causas ignoradas, había desertado de los suyos para pasarse al bando de los indios,”[8] y ahora podríamos hablar de otro ladino petuleño que decidió pelear del bando de los mayas. Me refiero a “Don José María Torres.” El “Don” aparece en varias ocasiones cuando se habla de Torres en la documentación de la época.
Don José María Torres era otro de aquellos “mestizos” petuleños que secundaría la rebelión de 1847. Natural y vecino de la Villa de Peto, para finales de diciembre de 1849 era un “comisionado de los sublevados”, y al parecer, su lugarteniente en Kantemó –paraje cercano a Peto, por el rumbo de la bahía de Chichankanab- era el comandante José Tun, muerto en un ataque que 100 soldados yucatecos hicieron a su posición que defendía. Antes del ataque a Kantemó del 25 de diciembre de 1849, los capturados, entre ellos un tal Tiburcio Kú, aseguraron:
[…] que un día antes de ser aprehendidos, había estado en Kantemó un comisionado de los sublevados, llamado José Torres, natural y vecino de Peto, á prevenirles que todos los que estuviesen allí reunidos, fuesen á obstruir el camino principal que de este pueblo va al de Barbachano, y que concluida esta operación, volviesen al mismo punto, para que al primer aviso suyo, viniesen a sitiar a este cuartel [de Peto].[9]
Con esta somera lista de líderes de la primera época de la Guerra de Castas, podemos dudar, o matizar las señalizaciones que actualmente se le efectúa, diciendo que la guerra de larga duración iniciada en Tepich el 30 de julio de 1847, se trató exclusivamente de una “Guerra Maya”. Fue una Guerra Maya, desde luego, pero también fue una guerra donde los mestizos de los pueblos no veían etnicidades para luchar, al igual que los “mayas” no veían sino una posibilidad de que el mundo neocolonial yucateco fuera modificado para dar cabida a la diversidad étnica de poder. Si bien es cierto que el grueso de los combatientes fue a todas luces de origen maya campesino, no hay que dejar en el tintero del olvido a estos mestizos que decidieron pelear movidos únicamente por términos de justicia, y no así por términos “raciales.” Venancio Pec, para 1849, recordaba que en un futuro territorio liberado del colonialismo y el racismo de las élites yucatecas, no veía “objeción ninguna á que los blancos residiesen dentro del territorio que pretendían obtener, pero que nunca consentirían en que estos ejerciesen autoridad en el lugar que residiesen.”[10].
Sin embargo, con el correr de los años –se señala el año de 1867 como el predominio de los elementos tradicionalistas en Chan Santa Cruz-, lo que comenzó como una lucha multiétnica, devendría en un reforzamiento de la indianidad combativa en el oriente de la Península.






[1] Ramón Berzunza Pinto, Guerra social en Yucatán (Guerra de Castas), Mérida, Maldonado Editores– Gobierno del Estado de Yucatán – Secretaria de Educación, 1997.
[2] Fidelio Quintal Martín, “Interpretación de la Guerra Campesina de Yucatán de 1847”, Revista de la Universidad de Yucatán, Marzo-Abril de 1976, número 104, año XVIII,  Vol. XVIII, pp. 60-89.
[3] Antonio Canto López, La Guerra de Castas en Yucatán, Mérida, Ediciones de la Universidad de Yucatán, 1976.
[4] Don E. Dumond, The Machete and the Cross. Campesino Rebellion in Yucatan, University of Nebraska Press, 1997.
[5] Nelson Reed, “Liderazgo de blancos y mestizos entre los cruzoob”, en Saastun. Revista de cultura maya, año 0, número 1, abril, Mérida Yucatán, México, 1997, pp. 63-88.
[6] Entiendo la palabra “mestizo”, muy distinta a lo que en el habla actual de Yucatán se entiende: como población no indígena. Los mestizos son los “no indígenas”, los cuales en el Yucatán de la segunda mitad del siglo XIX, coparon y seguirían copando, las estructuras de poder de los partidos y los ayuntamiento. Incluso se ha planteado la hipótesis de que el término “mestizo” para denominar a la población indígena de Yucatán, tuvo sus orígenes posterior a la segunda mitad del siglo XIX, como una forma para “exorcizar” la indianidad de la población maya yucateca viviendo dentro de las fronteras, y cuyo objetiva era que, mediante la palabra mestizo, se borrara todo nexo posible con los “indios bárbaros” de Chan Santa Cruz.
[7] Jorge Alberto Canto Alcocer, “Las otras castas de la guerra: Bonifacio Novelo y los mestizos de Valladolid en la guerra social de 1847”, en Jorge Canto Alcocer y Terry Rugeley (coordinadores), Ventana de Zací: otras miradas de la Guerra de Castas, Valladolid, Yucatán, Universidad de Oriente, 2013, p. 132.
[8] Alfonso Villa Rojas, 1987, Los elegidos de Dios. Etnografía de los mayas de Quintana Roo, México, INI, p. 98.
[9] “Comandancia principal del cuartel de Peto”. Boletín oficial del Gobierno de Yucatán, 29 de diciembre de 1849.
[10] “Guerra de bárbaros”, El Fénix, Campeche, 25 de enero de 1850.

domingo, 27 de julio de 2014

El lugar del "mono" uayú, o breve relación de Uayma

Iglesia de Uayma

El 19 de julio de 2014 revisé mis apuntes de una entrevista que realicé a mí amigo, el uaymense Rodrigo Ay Xooc. Estos apuntes versaban sobre su solar materno: Uayma. Y queriendo saber  qué cosas se habían escrito sobre ese silencioso poblado oriental, puse la palabra Uayma en los buscadores de la UADY y de la Biblioteca Virtual de Yucatán: los datos que me arrojaron resultaron irrisorios, pobres y débiles para abordar de una manera coherente y exhaustiva al pueblo de Uayma. En la Biblioteca Virtual de Yucatán, sitio en línea de uno de los dos más importantes repositorios historiográficos de la Península –me refiero a la Biblioteca Yucatanense-, el pueblo de Uayma está representado textualmente por los siguientes trabajos:

a)     Por una Monografía de Uayma, que más que monografía coherente y totalitaria, es un estudio rudimentario de 38 páginas que sirvió como tesis de medicina de un tal Eladio Ek Tax (sin relación alguna con este amanuense). Es del año 1989, al parecer de la facultad de medicina, y editado en Mérida.

b)     En la vena de los estudios campesinos –muy en boga en la década de los setenta y ochenta del siglo pasado-, está la tesis de licenciatura en antropología del maestro José Juan Cervera Fernández: “Iglesia no católica y estructura política: Los campesinos de Uayma.” Es una tesis de 1991, de 112 páginas salidas de las aulas de la histórica facultad de ciencias antropológicas  de la UADY, la que quedaba entre dos míticas cantinas levistraussianas, a donde recalaban con constancia los futuros antropólogos yucatecos.

En el buscador de la UADY, los datos arrojaron una pobreza textual todavía mayor. Mejor traigo a cuento un twitt que escribí comentando esta dejadez de esa universidad para uno de los tantos pueblos yucatecos (“sin historia”, según los letrados urbanos): “Puse la palabra Uayma –rezaba en mi twitter- en el buscador de la UADY y aparecieron textos de medicina (parasitismo). Para unos, eso es la historia de los pueblos.” Siguiendo con mi diatriba contra el provincianismo urbano de la ciudad letrada meridana, dije: “Para la ciudad letrada, los pueblos de Yucatán no tienen historia: tienen etnografía y tienen problemas socioeconómicos y de salud. Visión más pobre y reduccionista no puede haber.”

Sabía, porque ya había trabajado con anterioridad las Relaciones histórico-geográficas de la gobernación de Yucatán, que existe una “Relación de Uayma”. Esta relación no entra en un débil folleto turístico que conseguí para seguir indagando sobre el pueblo de Uayma. El folleto de marras se denomina “Uayma. Guía turística cultural”,  es bilingüe (no necesito decir que está escrito en español e inglés), y fue editado con todas las pobrezas académicas por alumnos del Centro Universitario de Valladolid (CUV). En una palabra, es descartable de raíz, pero podemos tomar algunas ideas mercantiles que contiene, con las cuales se intenta realzar el turismo “rural” o “cultural”. De entrada, la historia de Uayma se adelgaza, y al pueblo se le adjetiva como “un pueblo mágico, turístico y cultural.” O en otras palabras, la magia y la cultura, o la trasmutación de la cultura por la magia del turismo, para solaz y recreo del turista conquistador; asegurándole, a este bárbaro neo invasor, que todavía existen “los hombres mayas”; y que despreocúpese usted, señor turista rubicundo, si está dudoso en interactuar y acercársele a ellos sin ningún problema a que lo flechen o le saquen el corazón; ya que:
[…] si le gusta observar y tener un acercamiento a la comunidad rural o es amante de la naturaleza, le aseguramos que eso y más disfrutará, ya que en la población podrá interactuar con la gente local, visitar y gozar de la frescura del cenote o realizar recorridos por sus tranquilas calles para conocer sus casas coloniales y las artesanías, producto del trabajo diario de hombres mayas que aún existen en nuestras épocas contemporáneas”.[1]
Para los mercadólogos del turismo, sólo existen “experiencias inolvidables” (cliché indigesto, éste, de “experiencia inolvidable”) y superficialidades que terminan en el eslogan siguiente de un folleto manido de 50 páginas infumables:
Después de este breve recorrido histórico-etnográfico de carácter cultural, social y económico, solamente nos queda decir: ¡Ven a Uayma! ¡Te esperamos con sonrisas cálidas! Recorrer esta comunidad te hará sentir en casa. ¡Uayma es mío, tuyo y de todos![2]
Sin embargo, Uayma, y yendo contra los mercadólogos del turismo burgués, es más que una “experiencia inolvidable”; y, desde luego, yendo contra la cerrazón de la ciudad letrada meridana, Uayma es más que parasitismo y problemas socioeconómicos y de salud. Uayma es la tierra de los cupules, y es la tierra de mi amigo Rodrigo Ay Xooc y de mi amigo Reynaldo Xooc Padilla, los cuales me dedicaron algunos minutos de su tiempo para hablarme de “cosas de su pueblo”.
Señalé líneas atrás, la existencia de una “Relación de Uayma”. En efecto, en las muy socorridas Relaciones histórico-geográficas de la gobernación de Yucatán, Mérida, Valladolid y Tabasco, la relación de Uayma (y Kantunilkin) fue escrita el 20 de marzo de 1579 por el encomendero de ese lugar, Juan Vellido. El soldado raso Vellido, convertido, por actos de la brutalidad de la conquista, en señor feudal y alcalde ordinario de Valladolid y con indios bajo su encomienda, decía que el capitán don Francisco de Montejo le dio en repartimiento, en nombre de “Su Majestad”, los pueblos de  Guayma [Uayma], que dista de Valladolid dos leguas, “y el pueblo de Cantaniqui” [Kantunilkin], que distaba dieciocho leguas hacia el puerto de Conil. Vellido afirmó que cuando se le dio en encomienda Uayma a finales de 1540, “tenía trescientos tributarios, y al presente no tiene más que 120.” La causa de esa baja poblacional, apuntó Vellido, se debió a las políticas de congregación de los religiosos (el reducir a un solo pueblo cabecera de doctrina a los indios arranchados), así como a “las muchas obras que los religiosos han hecho en los monasterios, que han sido suntuosas y de mucho edificio, y también por cierto beneficio de añil que en esta tierra hay”, dos compulsiones laborales que iban contra el sistema milpero de los hombres de Uayma.

El conquistador Vellido, que fue testigo de “primera vista” del levantamiento general de los cupules en el año de 1546, apunta en aquella Relación de Uayma y Kantunilkin, que:

Después que yo vine a estas provincias, que fue el año de mil e quinientos e quarenta e quatro, según referido tengo, desde a dos años poco más o menos, que fue en el año de mil e quinientos e quarenta y seis años, a nueve de noviembre de dicho año, los naturales desta provincia de Valladolid se alzaron y rebelaron contra la Real Corona, en manera que mataron diez y ocho españoles que estaban derramados en los pueblos y seiscientos indios naborías que servían a los españoles, en manera que ninguno de los dichos españoles ni indios dexaron a vida, siendo los dichos indios muchos dellos sus hermanos e hijos y deudos, y de su natural, lo qual hicieron porque servían a los españoles, y a muchos dellos se halla cosa cierta que les sacaban los corazones vivos y los descoyuntaban y hacían otros martirios, cortándoles brazos y piernas, lo cual ofrecían a sus ídolos de barro…[3]

Según Farris, este “levantamiento” temprano que tocó a los fieros cupules de Uayma, no se puede decir que fue contra el orden colonial, porque ese orden no existía en el temprano año de 1546; más bien, hay que ver el levantamiento de 1546 como el último episodio del largo proceso de conquista de los mayas yucatecos.[4]

El cenote de Uayma

Vellido hace unas acotaciones corográficas de los suelos y el paisaje del Uayma de 1579. Dice que “está este pueblo poblado en tierra sana y llana”, y que no había ningún río, fuente ni laguna; y menos sierras y volcanes. Lo importante de Uayma, es que tiene “un cenote de agua hondo que tiene mucha cantidad de agua, que está en la mitad del pueblo, de donde beben todos los naturales de él”, y tiene “desde lo alto del dicho cenote al agua diez brazas, y otras tantas tiene de hondo de la dicha agua hasta el suelo”. En ese entonces, el agua de ese cenote era “buena y sana”, pero ahora, según vemos en las fotografías recientes de dicho cenote, sus aguas parecen que no son buenas para beber, tiene suficiente verdín y a simple vista repele el probarla. Vellido sigue con sus descripciones paisajísticas: “Es esta tierra de mucha arboleda silvestre, hay en ella mucha cantidad de piedra laja, y lo mismo la hay en toda la tierra en general”. El encomendero habla sobre la fauna de los montes cercanos a este pueblo cabecera de doctrina:
Dase buen maíz, frijoles, ají y algodón…Hay muchas frutas silvestres de muchas manera, que comen los naturales; hay asimismo, mucha caza de venados, conejos, perdices, codornices, tórtolas, pavos, puercos de monte, que llaman los indios quitanes [kitam]; hay otros muchos géneros de caza del monte de que se sustentan los naturales.”[5]

Titulares de la encomienda de Uayma (Valladolid)
Titulares
Número de población indígena
Valor de la encomienda
Juan Bellido (1549) (1579)
200
No se especifica
Martín de Güemes, 1579

120[6]
Gaspar González (1607) (3.ªv)
200
775,0,0 (T=
Pedro de Valencia (1666) (2.ª v)
120
No especifica
Francisco Menéndez Morán, 1683 (1688)
161
342,6,0
Joaquín Menéndez (2.ªv)
No especifica
No especifica
Fuente: Basado en García Bernal, Manuela Cristina (1978), Yucatán. Población y encomienda bajo los Austrias, Sevilla, EEHA, p. 524.

Las cosas de mi pueblo: hablan los primos Xooc

Dejemos la relación de Vellido por un lado, y pasemos ahora a apuntar algunas relaciones –o nuevas relaciones- de Uayma, dadas por los primos Xooc: Rodrigo Ay Xooc, y Reynaldo Xooc Padilla. Lo primero que hago para conocer un pueblo yucateco con toponimia maya, es saber su significado.  Rodrigo Ay Xooc, quien fue el que me dio casi todos los datos del pueblo que me parecieron interesantes de rescatar, dice que el nombre es compuesto, y dos son los significados que los uaymenses gustan referir a los visitantes.
El primer significado, tiene que ver con el cenote que queda en el centro del poblado, del cual Vellido nos habló: Uayma significa “agua de uayos”. Rodrigo dice que “en el cenote principal que está al lado de la iglesia, arriba, en su boca, está cubierto o rodeado de árboles de uayas, estos árboles uayos hacen sombra al cenote, lo verdean, pero cada vez que las uayas están maduras, caen y van a dar al cenote, de ahí que sus aguas se conozcan como aguas de árboles uayos. Le pregunté a Rodrigo si con las uayas que fermentan en el cenote, las aguas saben distintas: no me supo dar respuesta, tal vez porque ningún uaymense bebe ahora de esas aguas estancadas.
Reynaldo, un uaymense al que le gusta andar en motocicleta, señaló un origen más erótico del nombre de Uayma:
Había una mestiza de amplias caderas bañándose desnuda en el cenote, era un pleno día de intenso calor y la conquista de Yucatán no había terminado. La mestiza se bañaba y dejaba ver parte de su amplio y voluminoso trasero. En eso estaba quitada de la pena, cuando vino un español y la quiso agarrar, y la mestiza sólo pudo decir ¡Uay, maa![7]
En sus toponimias mayas, Santiago Pacheco Cruz asienta que Uayma, o Uayénmá, es una:

Población de relativa importancia de la jurisdicción de Valladolid, Yucatán; su denominación quiere decir, por aquí no o por acá y má, no en sentido negativo, por derivarse de las voces uayé, por acá o por aquí, y má, no, aunque podría interpretarse también como: brujo no, qe viene de uay…El nombre primitivo, según el Códice Pérez, fue Uayunmhaa, que quiere decir lugar de las huayas de agua, por venir de las voces, UAYUM, huaya, fruta aquí conocida, y HAA, agua y también interjección.[8]

La gramática del "mono" uayú

Rodrigo me asegura que su experiencia de cazador lo ha llevado en una ocasión a toparse con este nuevo animal fantástico que engrosa la panoplia de animales borgeanos que pueblan los montes de la Península de Yucatán. Me dice que los cazadores expertos de Uayma, para evitar los peligros del monte, tienen que ofrendarles primicias o regalos a sus guardianes, y una forma para congraciarse con los vigilantes de la selva maya, es el tener bien alimentados, cebados y apuercados a sus fieles perros que los acompañan en la cacería.  Pasando los cabos del pueblo de Uayma, el peligro siempre es latente. Cuando un cazador va a “lamparear” (una técnica muy utilizada para la cacería del venado[9]), se va de noche, y en la noche uaymense hay un sinfín de peligros: desde el yun-tun (honda) de los traviesos aruxes, los malos vientos que enredan al cazador en los “laberintos sonoros” de la soledad de la selva, los rugidos ubicuos del balam, o las picaduras fúnebres de las crótalos. Pero para los uaymenses, estos peligros que he referido, son casi nada si se les compara con el peligro de peligros para los hombres del poblado: lo peor que le puede suceder, a un caminante del monte de Uayma, es toparse con el atrevido mono uayú (en realidad, se trata de un cacomixtle, o Bassariscus astutus).
¿Y qué es el mono uayú? ¿Es un mono uaymense, único en su especie, que decidió vivir para siempre en esa querencia de monte oriental?, ¿es real, es mítico, o es otro “laberinto sonoro” de la selva yucateca, un mono mítico que sólo los uaymenses pueden ver? Reynaldo dice que el mono uayú es un maax[10] que anda dando brincos por la arboleda de la selva, es nocturno, y hay una legión de ellos alrededor de Uayma. Rodrigo, con tranquilidad de cazador, describe al mono (cacomixtle) uayú de esta forma:

El uayú es un mono. Es puerco el hijo de su chingada porque le gusta orinar a la gente desde los árboles. Los persigue y los comienza a bañar con su pestilente orina. Es gordo, a veces perezoso cuando hace la canícula, y de color rojo. Cuando vas al monte a cazar o a leñar, ves que viene una lluviecita amarilla, es el uix[11] de ese mono uayú. A veces, para chingarte solamente, hace más bromas que los aruxes: te guarda tus cosas como escopetas, sabucanes o el chuu.[12] A veces, los pendejos se matan solos revisando las escopetas, pero son peligrosos si las tienen en sus manos regordetas. Los monos uayús, además de jugarte bromas con su vejiga, te pueden golpear, morder, incluso tirar piedras. Travieso como es, sin embargo, este mono le regaló a Uayma su nombre, ya que otro de los significados de Uayma es el lugar del mono uayú.

Le aseguré a Rodrigo que algún día visitaré los montes de Uayma para toparme, vis a vis, con tan crapuloso "mono" uayú.

El "mono" uayú

Los fantasmas de la Guerra de Castas en Uayma y el escriba Don Secum

Como a todos, lo que más me ha llamado la atención del pueblo de Uayma, es su convento de Santo Domingo de Guzmán, fundado por los dominicos en el siglo XVI y principios del siglo XVII. Se dice que su esbelta arquitectura fue formada con las piedras de los templos mayas que había en el momento de la conquista. Esto se refuerza con lo que Vellido dice en su Relación: “Hay en este pueblo de Guayma unos cues de piedra hechos a mano muy altos, de los cuales se sacaba piedra para hacer la iglesia y aposentos de los religiosos, y cerca de la iglesia y todo lo demás.”
Para los uaymenses, es un hecho que el ahora remozado convento es una de sus joyas visuales, agradable para los visitantes. Sin embargo, una pequeña monografía dice que durante la Guerra de Castas, este convento fue presa del incendio de la tea de los mayas rebeldes.[13] Su reconstrucción data de 1891, fecha en que la guerra latente en las fronteras yucatecas comenzaba a desaparecer[14]. En el mismo texto en línea, se puede ver una fotografía del convento de Uayma antes de su restauración completa en el año 2005.


Como hemos dicho, la Guerra de Castas fue crucial para el pueblo de Uayma, y su iglesia, a más de un siglo y medio, todavía sigue guardando ecos de esa enorme conflagración social de la Península. En Uayma se asegura que por las noches –incluso en la más cerrada de las noches- se puede observar “como militares andando por el atrio o viendo por las almenas de la iglesia”. “Son las almas de los soldados de la Guerra de Castas” cuidando todavía a la iglesia. Esa iglesia que no pudieron defender cuando el incendio que comenzó en Tepich corrió por toda la manigua reseca de la Península. La iglesia, dice Rodrigo, fue creada para defenderse, tiene almenas en el techo, y ahí, con la claridad de la luna se puede apreciar a esas sombras negras de los tiempos de la guerra, yendo de un lado a otro apresuradas. Atrás de la iglesia había “escapes” (o túneles) que salían a otras iglesias para defenderse. El municipio de Uayma fue fundado[15] por 3 familias: los Cupules, los Tuz y los Xooc, actualmente siguen siendo familias grandes de Uayma. Cuando hubo la Guerra, la gente salía despavorida de Uayma, y se comenzaron a asentar en pequeños ranchitos alrededor del pueblo. Así se formaron los ranchitos de Santa Rosa, San Roque, Santa Cruz, Santa Eleuteria, puros nombres de santos tienen los ranchos de Uayma.
De esa guerra, hay un señor que fue conocido como “Don Secum”. Ya murió, tenía 104 años al morir. El vio la guerra. Don Secum decía que, para ese entonces, toda su familia se refugiaba en cuevas para salvar la vida, y aún así, el vio morir a toda su familia. Don Secum escribió El libro de Uayma, un libro que nadie conoce. Ese señor, don Secum, era un escritor, y al mismo tiempo, un pintor: sabía escribir la historia y sabía ilustrarla. El libro que escribió lo hizo con tela, y tiene dibujos llamativos. Don Secum es un señor antiguo al que le gustaba escribir las cosas de Uayma e ilustrarlas. Lamentablemente, murió y no sabemos nada del libro. Le han ofrecido dinero a la familia de don Secum, pero esta no acepta mostrar el libro porque varias veces han intentado robarlo.

Coda

Otras cosas me contaron los primos Xooc del pueblo de Uayma, pero sin duda, creo que esta breve relación de tan atractivo lugar, ha valido la pena rescatar.




[1] Canché Canché, Sergio Eduardo (director de proyecto), sin fecha. Uayma. Guía turística cultural. Un pueblo mágico, turístico y cultural, p. 4.
[2] Ibidem: p. 48.
[3] Ignacio Rubio Mañé, Prólogo al libro de Robert Chamberlain, Conquista y colonización de Yucatán. 1517-1550, Porrúa, México, 1974, p. CVII.
[4] Cfr. Farris, Nancy, 2012, La sociedad maya bajo el dominio colonial, México, CONACULTA-INAH.
[5] Garza Camino, Mercedes de la (coord.), 1984, Relaciones histórico-geográficas de la gobernación de Yucatán, Mérida, Valladolid y Tabasco, volumen 2, México, UNAM.
[6] 40 pesos de oro de minas.
[7] Es decir, en español ¡uayy, nooo!
[8] Pacheco Cruz, Santiago, 1953, Diccionario de etimologías toponímicas mayas (Conjunto de apreciaciones). Primera Edición, Impresora Oriente, Mérida, Yucatán, p. 219.
[9] Sobre esta técnica del lampareado y otras técnicas, cfr. Yah Balam, David, 1983, La cacería del venado. (Bilingüe: maya-español), Mérida, SEP, 41 p.
[10] Maax: mono en español.
[11] Uix: orina en español.
[12] El chuu es el calabazo que sirve a los campesinos como cantimplora.
[13] http://uayma.blogspot.mx/, visto el 27 de julio de 2014.
[14] En mi tesis doctoral sobre el partido de Peto, señalo a la década de 1890 como los años del Declive de la Montaña Rebelde, o el apaciguamiento de la violencia efectiva en las fronteras yucatecas del sur y oriente de la Península.
[15] ¿O será repoblado? Tal vez sí.

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